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Guía

Uno quiere más que el otro. Casi siempre

La discrepancia de deseo es, con diferencia, el motivo más frecuente por el que una pareja acaba en terapia sexual. Y sin embargo casi nadie la nombra en casa, porque quien tiene más deseo teme sonar a reproche y quien tiene menos teme sonar a defecto. El silencio es la parte que hace daño, no la diferencia.

Dos deseos iguales no existen

Conviene empezar por lo evidente. Dos personas distintas, con cuerpos distintos, cargas distintas y ritmos distintos, no coinciden en cuánto ni cuándo. La coincidencia de los primeros meses tampoco era el estado natural: era una fase con novedad, y la novedad es un estímulo potentísimo que se agota por definición.

Así que la pregunta no es cómo igualar dos deseos. Es qué hace la pareja con una diferencia que va a seguir ahí.

El ciclo que convierte una diferencia en un problema

El mecanismo está bien descrito y se reconoce enseguida:

  1. Quien tiene más deseo insinúa o propone.
  2. Quien tiene menos deseo no está en ese momento y dice que no, o lo esquiva.
  3. El primero interpreta el no como rechazo personal y empieza a proponer con más ansiedad, o deja de proponer.
  4. El segundo empieza a leer cualquier gesto de cariño como el principio de una propuesta.
  5. Y aquí está el punto de no retorno: deja de haber contacto físico neutro. Ya no se puede abrazar sin que signifique algo.
  6. Sin contacto neutro desaparece el estímulo que alimentaba el deseo receptivo, y la persona de menos deseo baja todavía más.

El resultado es una pareja que se quiere, que no tiene ningún conflicto identificable y que lleva meses sin tocarse. Fíjate en que el problema no fue nunca la diferencia de deseo, sino el paso cinco.

Cuatro cosas que sí funcionan

Recuperar el contacto que no lleva a ninguna parte

Es la intervención con más efecto y la que menos suena a intervención. Consiste en pactar en voz alta que va a haber caricias, abrazos y contacto que explícitamente no van a acabar en sexo. Suena artificial y lo es durante dos semanas. Rompe el paso cinco, que es lo que mantiene el ciclo cerrado.

Distinguir el no de hoy del no permanente

"Ahora no" y "no me apeteces" son frases distintas y el oído las confunde cuando ya hay ansiedad. Decir explícitamente cuál de las dos es, y proponer un cuándo cuando sea la primera, desactiva la mayor parte del daño.

Saber que hay dos formas de que aparezcan las ganas

Hay quien nota deseo antes de cualquier estímulo, y hay quien parte de un punto neutro y solo siente ganas después de que el cuerpo se haya activado. Lo segundo se llama deseo receptivo y es muy común. Si en la pareja hay una persona de cada tipo, esperar a que las dos tengan ganas a la vez es esperar algo que casi nunca va a pasar. La persona receptiva necesita empezar para saber si quiere, y eso solo es sano si puede parar sin explicaciones en cualquier momento.

Hablarlo fuera de la cama y fuera del momento

Una conversación sobre deseo justo después de un no es una discusión, no una conversación. El mismo tema un sábado por la mañana, andando, sin nadie mirando a nadie a los ojos, es otra cosa completamente distinta.

Y entonces, ¿un juguete ayuda o estorba?

Depende por completo de en qué punto del ciclo se compre, y como esto es una tienda vamos a ser claros en lugar de cómodos.

Ayuda cuando llega como algo nuevo que se prueba juntos, sin que nadie tenga que demostrar nada. Ayuda mucho en distancia, porque el problema ahí no es el deseo sino la falta de canal, y un dispositivo compartido devuelve algo que hacer juntos en lugar de algo que contarse.

Estorba cuando lo compra en solitario la persona de más deseo para arreglar a la otra. Entonces no es un juguete, es un mensaje, y el mensaje que llega es "no me basta contigo". Ese producto acaba en un cajón el primer día.

De ahí sale la única recomendación que damos en toda esta tienda antes de enseñar precio: si no lo habéis hablado, no compréis todavía. Y si al hablarlo aparece dolor, resentimiento acumulado o un cambio brusco sin causa, eso ya no se resuelve con una compra. Se resuelve con un sexólogo, y cuesta menos de lo que la gente imagina.

Contenido informativo. No sustituye el criterio de un profesional sanitario y no atribuye a ningún producto una finalidad curativa.

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